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domingo, 2 de febrero de 2014

EL IUSNATURALISMO RACIONALISTA DE KANT: DIOS Y LIBERTAD


(Segunda Edición - Enero 2014) 

Por Juan Pablo Ciudad Pérez[1].


  
“La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades”[2].

“Yo no puedo, pues, admitir Dios, la libertad y la inmortalidad del alma para el necesario uso práctico de mi razón…Me ha sido, pues, preciso suprimir el saber para dar lugar a la creencia”[3].

“El concepto de noúmeno, tomado sólo de manera problemática, sigue siendo a pesar de ello no solamente admisible, sino también inevitable, en la medida en que sirve de límite a la sensibilidad”[4].

“La moral es en sí misma una práctica en sentido objetivo, como el conjunto de leyes incondicionalmente imperativas, según las cuales nosotros debemos actuar, y, una vez el absurdo propio de este concepto de deber, es un evidente absurdo querer sostener, sin embargo, que no se puede actuar…Por tanto, no puede existir ningún conflicto entre la política, como doctrina práctica del derecho y la moral, en cuanto también ella es doctrina del derecho, pero teórica(por consiguiente no puede existir ningún conflicto entre la práctica y a teoría)”[5].

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”[6]




Mucho ya se ha comentado, y por diversos autores, sobre la cuestión epistemológica en Immanuel Kant; muchos también lo han desarrollado desde el punto de vista ético-moral, pero el problema de hoy no es sino la combinación de estos dos temas del filósofo, y trasladar su problematización a la filosofía del derecho, bien también al fenómeno jurídico hoy, y en su esencia; Cuestión anterior que Kant nos negaría absolutamente, diciéndonos majaderamente que jamás será posible conocer la esencia de las cosas a partir de lo sensible, vale decir, jamás será posible des-cubrir las cosas en sí mismas. Muy bien, ya planteado el primer problema a desarrollar para erguir un desarrollo y conclusiones, en lo posible, sobre la cuestión mocionada anteriormente, pasaremos a urdir algún análisis sobre lo ya prematuramente expuesto sobre el pensamiento de este autor. Pero antes, mencionar que los párrafos de arriba no son sino los ejes y lineamientos que desarrollaremos en este trabajo y que cimentarán las reflexiones aquí vertidas sobre el extenso y no poco considerado pensamiento de Immanuel Kant.


Introducción epistemológica de Kant

Lo primero, sobre el conocimiento de las cosas en sí mismas; Kant se propone distinguir la diferencia entre el conocimiento sensible y el conocimiento inteligible. El contexto en el que se desenvuelve estos cuestionamientos y pensamientos es la ilustración, y precisamente la por el autor denominada “Revolución Copernicana”[7], cuyo objetivo índice será la superación del racionalismo y el empirismo, es decir, el dogmatismo y el escepticismo. La primera diferencia que nuestro filósofo plantea es que el conocimiento sensible se constituye por la receptividad del sujeto, que de cierta manera se ve afectado por la presencia del objeto, y de esta manera, solo se conoce al objeto como se le aparece al sujeto (uti apparent) y jamás como es el objeto en sí (sicuti sunt)  y por lo tanto, concluye Kant, solo se conocen como fenómenos, es decir solo como se manifiestan o aparecen los objetos a los sujetos. Por otra parte, el conocimiento intelectivo es una facultad o capacidad de representar  a aquellos aspectos de las cosas u objetos que, por su misma naturaleza, no se pueden captar mediante los sentidos. Estas cosas captadas por el intelecto Kant las llama noúmenos,  palabra que viene del griego noein, que significa pensar, al ser captadas por el intelecto por tanto son supra sensoriales. Esta distinción está dada en el capítulo de la crítica de la razón pura, llamado La estética trascendental, se llama de esta manera porque el autor considera el sentido antiguo de la palabra estética, vale decir, del griego, donde etimológicamente significaba sensación. Entonces Kant plantea que mediante el conocimiento sensible no captamos el objeto en sí, sino tal como se nos aparece; lo anterior es porque la sensación es una modificación que el objeto produce sobre el sujeto. Al primer conocimiento – o sea, al conocimiento inmediato – Kant le llama intuición, y distingue entre dos de éstas: La intuición empírica y la intuición pura. La primera es en la que están presentes de forma concreta las sensaciones, mientras que la segunda es aquella en la que la forma de la sensibilidad se da sin la materia.  Kant le concede a los empiristas que el ser humano conoce solo a través de los sentidos pero hace la siguiente distinción: dice Kant que la forma del conocimiento sensible depende de nosotros, pues son ordenados por nosotros, y la forma es el modo de funcionar de nuestra sensibilidad, por ende es a priori para nosotros, mientras que el contenido no depende de nosotros, sino que más bien nos es dado. Ahora bien, ya sabemos que las intuiciones, de los dos tipos, empíricas y puras, son conocimientos sensibles, empero, ¿Cómo podemos captar las cosas en sí?, para esto Kant elabora una respuesta, respuesta que tomaremos más adelante. La respuesta que nos plantea el filósofo es que los objetos en sí sólo pueden ser captados por una intuición originaria, que no es propia de nuestro intelecto, Kant le pone nombre a ésta: tal intuición es Dios. Es aquí donde surge el primer cuestionamiento: ¿Por qué Dios puede conocer las cosas en sí?. Kant manifiesta que sólo Dios puede conocer las cosas en su esencia producto de que para conocer la esencia de las cosas se deben conocer desde sus orígenes, por ende, solo hay uno que conoce el principio vernáculo de las cosas, ya que fue quien creó las mismas, y ese es Dios. Veamos ahora lo siguiente, esta intuición intelectual conocedora de las cosas en sí mismas, según Kant, se halla  Absolutamente fuera de nuestra facultad cognoscitiva. Y es a través de este juicio que Kant rechaza una concepción positiva del concepto de noúmeno. Kant distingue entre noúmeno en sentido positivo y noúmeno en sentido negativo. El sentido negativo se refiere a la cosa pensada sin relación alguna con nuestra manera de intuir. Por otra parte el noúmeno en sentido positivo sería el objeto de una intuición intelectiva. Pero como Kant descarta que el ser humano pueda tener aquella facultad, él se queda con el sentido negativo del concepto de noúmeno.


Desarrollo del problema

Hagamos ahora un análisis. En el párrafo tres de los extractos primeros de los libros del autor, el mismo versa que el concepto de noúmeno, no solo es problemático, como aquí lo vimos, sino también es inevitable. Esta última palabra quiero meditar más, inevitable quiere decir perentorio, inminente, improrrogable, es decir: necesario. Por lo anterior el noúmeno, que es lo que no está al alcance de nuestros sentidos, por lo que, en palabras de Kant, éste “no se transa”, es un elemento necesario en la filosofía kantiana, pero además, según el autor, en nuestro conocer. Hagamos una relación ahora con el párrafo dos de la primera pagina, este que dice que ni Dios, ni la libertad, ni la inmortalidad del alma están sujetas a la razón práctica, es obvio por qué, debido a que no están sometidas ni al alcance de la intuición sensible, pertenecen a los elementos del noúmeno. Pero ¿por qué serán tan inevitables o necesarios?, lo son, en primer lugar, porque deben ser principios in-enajenables ni in-apelables en una discusión o convencimiento personal, ya que son constitutivos del género humano y dan trascendencia a éste. No obstante lo anterior, este no es el único argumento por el que son necesarios, sobre todo Dios, que es el que nos interesa en este primer momento. Dios es absolutamente necesario ya que representa un eje ordenador dentro del mundo y la naturaleza y allí donde no existen fundamentos colaterales que justifiquen nuestro actuar moral, existe Dios. Me explico, el imperativo hipotético es una ley que está sujeta a una clausula consecuencial, vale decir, a un hecho, situación o consideración futura que justifique y mueva mi actuar, y es por eso que Kant la rechaza tajantemente diciendo que no es una ley que actúe por el deber, sino que sólo  puede actuar con el deber, o sea, en conformidad con éste, pero no desde éste como fundamento y fuente motivadora. Entonces nos queda que el imperativo categórico no posee argumentos ni justificaciones colaterales, más allá de el cumplimiento del deber como principio máximo, pero uno puede entrar a cuestionar, por qué existe ese afán de cumplir el deber, allí Kant nos contestaría posiblemente que es porque la razón práctica en la reflexión insto a la voluntad para que ejecute determinado acto que va en pos del bien, y que por ende posibilita la libertad propia. Sin embargo aquí nos cabe otro cuestionamiento, y es que, cómo sabemos nosotros, quién nos dice qué es el bien y qué no; entonces allí cabe precisamente la existencia y justificación de Dios, quién mejor que él que ha sido quien ha creado, y por tanto quien conoce; quién mejor que él, irreprochable; quién mejor que él, que su existencia es incuestionable porque es ajeno a nuestra intuición sensible, y ay de aquel que se atreva cuestionar su existencia, porque si lo hace no ha comprendido nada de nuestro conocer y nuestros mecanismos para esta tarea humana.


De esta manera nuestro filósofo deja una estructura redonda y con sus piezas bien encajadas, antes que sigan los cuestionamientos al imperativo categórico, le puso un paragón incuestionable y que por lo demás es absolutamente coherente con la parte epistemológica de su filosofía. En consecuencia es Dios quien en último (o primer) término nos guía en el camino bienaventurado del discernimiento entre lo bueno y lo malo, lo moral y lo falto de aquella. Así ya hemos desnudado una parte de la filosofía kantiana; filosofía que pretendía derivar de la naturaleza humana –de esa capacidad e inherencia racional tan moderna – los  principios morales y jurídico-sociales; y que no hace más que en última instancia sujetarse y sostenerse en la figura de Dios, dejando como aparentes estas intenciones científicas y engorrosas, pero subyaciendo en ellas el buen Dios, que nos viene a salvar cuando son muchas las preguntas, y cuando Newton no responde.


Kant en la crítica de la razón práctica distingue entre dos juicios, y postula un tercero. El primero es el juicio analítico. Éste lo formulamos a priori, sin necesidad de apelar a la experiencia, por lo tanto es universal y es necesaria. No obstante, no amplia el conocimiento. Por el otro lado existe el juicio sintético, el cual, a diferencia del anterior, siempre amplia el conocer, ya que siempre le manifiesta al sujeto algo nuevo, o sea, algo que no era implícito a él. Sin embargo se basan en la experiencia y en consecuencia no son universales. Nuestro filósofo propone un tercer juicio, como lo decíamos anteriormente, este es el juicio sintético a priori, este tiene la particularidad de ser sintético, vale decir, que proporciona nuevo conocimiento, y a la vez a priori o puro, o sea que no está sujeto a experimentación, sino que es universal y necesario. Kant dice que en éste debe basarse la ciencia.


El análisis siguiente es conseguir distinguir en cuál de estas esferas está presente el juicio moral y el del derecho. Primero analicemos las características de lo que debe ser un juicio moral. Éste debe tener como característica, según Kant, la universalidad, o sea, no debe estar sujeto a las particularidades ni a las acciones o consecuencias hipotéticas que se susciten, sino que debe preexistir a la acción o ejecución misma del acto moral, es por ello que se dice que debe ser universal. Ya podemos dejar de lado el juicio sintético a posteriori, el cual sería aquel juicio sujeto a la experiencia, y que cuyo conocimiento no surge sino con ulterioridad a su ejecución. Entre las opciones restantes quedan el juicio analítico y el juicio sintético a priori; recordemos que la diferencia sustancial entre ambos es que mientras el primero no produce nuevo conocimiento ya que su sujeto y predicado son equivalentes, el segundo si produce nuevo conocimiento. Ahora bien, la ley (moral o jurídica) ontológicamente nos remite a un deber en sí misma, y así también lo acoge nuestro cuerpo normativo civil, como los manifiesta el articulo número uno del código civil chileno: “La ley es una declaración de la voluntad soberana que, manifestada en la forma prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite”[8]. Es decir se remite a una obligación en sí misma, por ende, ontológicamente la ley pertenecería a los juicios de carácter analítico, ya que su sujeto y predicado son, como decíamos, equivalentes, ya que decir que la ley obliga, o que la ley manda, es casi innecesario, porque en sí misma se contempla esa acción imperativa. Distinto es el caso de la Ley permisiva, en cuyo caso la tautología analítico-ontológica Ley-Deber, o también Ley-Contenido de la Ley, no se aplicaría, pues si bien, en las dos opciones anteriores existe la posibilidad de contrariar el mandamiento o la prohibición –lo que trae como resultado la negación de la negación, como señala Hegel, a saber la sanción – en la tercera forma de Ley la no observancia de la permisión que la ley confiere al sujeto no violenta ni vulnera el orden jurídico consagrado, ergo no lo niega, solo el sujeto no hace uso de aquella norma. Por tanto esta tercera modalidad de Ley se constituye como excepción al juicio sintético por ser una norma que no trae aparejada su negatividad para el sujeto llamado a ejercerla, y que como efecto no constituye la relación Ley-Deber. Lo que en realidad hace este tipo de normas es trasladar el deber hacia el sujeto que según las circunstancias particulares le corresponde responder al sujeto primero cubierto por la ley permisiva que ha decidido ejercerla, erigiéndose para el segundo una Ley prohibitiva o una Ley de mandato, según el caso, con el propósito de responder positivamente al permiso jurídico optado, siempre y cuando se ejerza según las formas que describe la ley. Hasta aquí este análisis.


Para Kant, la moral y el derecho, tienen un fundamento común, que es la razón práctica, que surge del sentimiento y de la voluntad. Esta razón es autónoma, esto quiere decir, que el hombre encuentra la ley de sus acciones en su propia razón práctica. Razón práctica que posee como principio fundamental la libertad. Kant plantea que él no puede admitir ni a Dios, ni a la libertad, ni a la inmortalidad del alma, para el uso de la razón práctica. Lo anterior porque no puede alcanzar el conocimiento pleno (en esencia) de los elementos anteriores a través de una razón práctica. No obstante, esta misma razón posee como lineamiento principal para su autonomía el concepto de libertad. Entonces entendamos bien esto, la libertad es necesaria y fundamental para la autonomía de la acción, y más precisamente de la acción moral, empero, no podemos conocerla, ya que nuestra facultades no están en condiciones, por así decirlo, de alcanzarla.  Eh aquí el segundo concepto problemático, ya que recordemos que Dios era fundamental para nuestros juicios morales, sin embargo es incognoscible para nosotros. Aquí pasa lo mismo, ya no con el juicio moral, sino que con el acto moral, es necesaria la libertad para que se consagre la autonomía de la acción, sin embargo no podemos alcanzar a comprenderla ni conocerla en sí misma. Y nuevamente nos encontramos con que ésta cumple la misma función que Dios: nos sirve para responder a preguntas capciosas, y ponerle freno a los cuestionamientos que vociferan: ¿Por qué se hace determinada acción moral?, y ¿por qué no hacemos otra? Entonces aparece la libertad, nuevamente incuestionable y llega a salvaguardar y a sellar este armazón filosófico, escudada en su “necesidad”.

Abordaremos aquí la conclusión central del trabajo. Para esta volveremos a citar una frase del párrafo cuarto de la primera página: Por tanto, no puede existir ningún conflicto entre la política, como doctrina práctica del derecho, y la moral, en cuanto también ella es doctrina del derecho, pero teórica”[9].  Si no bastó con consagrar a Dios como el inapelable e incognoscible fundador (en último término) de los juicios morales, si no fue suficiente con que la libertad fuera un elemento también in alcanzable al conocimiento humano, ya que no poseíamos la facultad para conocer la esencia, ya que para conocer esta misma se debe conocer el origen de ella, y aquel único de conocerla es por tanto Dios. Si todo lo expuesto no es sobrado para la conclusión venidera, les manifiesto la frase anterior, que está plasmada en “La Paz Perpetua”, y que a grito desnudo nos comunica que para nuestro filósofo derecho y moral deben ir de la mano, y es más, entre ellas no puede existir ningún conflicto”[10]. Así pues Kant ,ahora si expreso y directo, nos dice que deben existir una serie de principios a priori, vale decir, antes que las acciones morales puedan concretarse, que ya estén establecidos y que jamás los separemos de la práctica, porque estos provienen de nuestra voluntad autónomos, de nuestra razón práctica y de nuestros sentidos (ámbito cognoscible) y de la libertad, Dios y –para- la inmortalidad del alma (ámbito incognoscible), que pertenecen al “orden del cielo estrellado”[11] y que precisamente son noúmenos, o sea, inalcanzables a nuestros sentidos y conocimientos, para que se haga imposible su negociación, sino que se mantengan  universales y necesarios. Y, como lo manifiesta Carlos Pérez: “debe ser, a la vez, completamente real para que haya una garantía efectiva de que esa salvación es posible, y de que buscar la manera de obrar moralmente tiene sentido”[12] Vemos aquí un objetivo de la filosofía de Kant; veamos ahora el otro. En el párrafo número cinco del comienzo de este trabajo dice: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”[13]. Esta frase posee un sentido, quizá menos sacro-santo, pero a mi parecer, mucho más importante, que es el de la “des-cosificación” del hombre, es decir, que no sea tratado mas como un instrumento, ya sea mercantil, de producción, o de cualquier otro tipo. Este último punto pudo haberlo dicho cualquier filósofo y/o político marxista si ningún problema, y es Kant quien no solo se preocupa de que el actuar moral y la ley solo sirva para cumplir fines extraterrenales, sino que también se constituyan en proezas en este suelo, para dignificar a los seres humanos y para hacer de la convivencia un encuentro más verdadero, más sano y más equitativo, por cierto. Ya que el contemplar que todos debemos ser considerados siempre como fines y nunca como medios, es un canto a la emancipación del la explotación del hombre por el hombre, en palabras de Karl Marx.


Conclusión

Finalmente podemos concluir y con propiedad y fundamento ahora si decir, que Immanuel Kant es un iusnaturalista. Esto porque cumple perfectamente con el criterio de identificación, ocuparemos el criterio de identificación del profesor Carlos Santiago Nino, que nos permite distinguir un iusnaturalista cuando cumple con las siguientes tesis:

             
       1)    “Una tesis de filosofía ética que sostiene que hay principios morales y de justicia                 universalmente válidos y asequibles a la razón humana”[14] .


 2) “Una tesis acerca de la definición del concepto de Derecho, según la cual un sistema normativo o una norma no pueden ser calificados de jurídicos si contradicen aquellos principios morales o de Justicia”[15].

Sabemos por lo anteriormente expuesto y argumentado que efectivamente Kant, a lo largo de su vasta filosofía ha sostenido que existen tales principios de carácter universal y que solo podemos acceder a ellos a través de nuestra razón práctica. Y también sabemos, por el análisis último, que nuestro filósofo manifiesta y expresamente nos dice que siempre debe haber una correlación entre tales principios morales universales y necesarios, y la legislación y práctica de las leyes.

Ahora bien, también, junto con verificar su corriente iusnaturalista hemos de ponerle apellido a esta, ya que no existe solo una vertiente del iusnaturalismo sino que por lo menos  cuatro:
·         Iusnaturalismo teológico.
·         Iusnaturalismo Racionalista.
·         Iusnaturalismo Histórico.
·         La naturaleza de las cosas.


Por lo estudiado y aquí expuesto y desarrollado, podemos distinguir a el filósofo Immanuel Kant como un Iusnaturalista Racionalista. Esto significa, que creen que estos principios universales y necesarios, que no se deben separar jamás de la legislación y de la práctica jurídica, poseen su origen en la razón humana, en el caso de Kant, lo manifiesta explícitamente, a través de la razón práctica. Para terminar, comprobaremos todo esto a través de la respuesta que el filósofo hace a la pregunta ¿Qué es el derecho en sí?, Kant dice“La cuestión de saber si lo que prescriben las leyes en un determinado tiempo y lugar es justo, la de dar por sí el criterio general por cuyo medio puedan reconocerse los justo o lo injusto, nunca podrá resolverlo (el jurisconsulto) a menos de dejar aparte estos principios empíricos y buscar su origen en la sola razón, para establecer los fundamentos de una legislación positiva posible”[16].
  


Bibliografía

·         Kant, Immanuel (2006). Crítica de la razón pura (traducción Pedro Ribas). España: Taurus. Prólogo a la primera edición Pp. 7-8. Capítulo III Pp. 7. 259-275.
·         Kant, Immanuel (1961). Crítica de la razón pura (traducción J. Perojo y J. Rovira). Buenos Aires: Losada. V.1, Pp. 127-146, 188-197. V.2, Pp. 9-26. 47-58, 163-169, 242-290.
·         Kant, Immanuel (1961). Crítica de la razón práctica (traducción J. Rovira). Buenos Aires: Losada. Pp. 7-18, 115-159, 171-173.
·         Hegel, Georg W. F. (2000). Rasgos Fundamentales de la Filosofía del Derecho (traducción Eduardo Vásquez). Madrid: Biblioteca Nueva. Pp. 41-47
·         Kant, Immanuel (2001). La paz perpetua (traducción José Loya Mateos). Madrid: Mestas. Pp. 63-70.
·         Kant, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres (traducción Manuel García Morente), Capítulo Segundo. Mare Nostrum Comunicación.
·         Kant, Immanuel (1968). Principios metafísicos de la doctrina del derecho. México: Dirección general de publicaciones. Pp. 31-56.
·         Reale, G (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico, Tomo II. Barcelona: Editorial Herder.  Pp. 728-773.
·         Pérez, Carlos (2005). Sobre Hegel. Santiago: Palinodia. Pp. 43-58.
·         Bello, Andrés (2010). Código Civil. Santiago: Editorial Jurídica de Chile. P. 19
·         Santiago Nino, Carlos (1995). Introducción al Análisis del Derecho. Segunda edición. Buenos Aires: Editorial Astrea. P. 2






[1]  Es estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Ayudante de las cátedras: Filosofía (de la) Moral, donde dirigió el seminario “Teoría del Poder y la Ideología: Hobbes, Marx, Foucault” (2012); Derecho Constitucional; Elementos para una Idea Social del Derecho; e Introducción al Pensamiento de Georg W. F. Hegel.
[2]  Kant (2006), p. 7.
[3]  Kant (1961), p. 199.
[4] Reale (1995), p. 750.
[5]  Kant (2001), p. 63
[6]  Kant, Mare Nostrum Comunicación.
[7]  Kant (2006), p. 17.
[8]  Bello (2010), p. 19.
[9] Kant (2001), p. 63.
[10]  Ídem.
[11] Pérez (2005), p. 45.
[12] Ídem, P. 52.
[13] Kant, Mare Nostrum Comunicación.
[14] Santiago Nino (1995), p. 28.
[15] Ídem.
[16] Kant (1968), p. 31.

lunes, 9 de diciembre de 2013

ANTE EL CUESTIONAMIENTO DE OTRAS FUERZAS DE IZQUIERDA A LA TESIS DEL PC Y SU ALIANZA CON LA NUEVA MAYORÍA



Por Juan Pablo Ciudad P. [1]


Al interior del escenario pluri-ideológico y heterogéneo del movimiento social por la educación, y de los movimientos sociales en general que en los últimos años han alzado sus demandas y se han dado a sí mismos el mejor regalo que todo cuerpo temático de vocación transformadora puede darse, a saber, la organización, existen críticas a la actual tesis que el Partido y la Juventud Comunista de Chile se ha trazado como táctica actual dentro de la estrategia fundamental de la consecución del Socialismo y el Comunismo. El objetivo de este artículo si bien no es explicar estrictamente la tesis que para el periodo los comunistas chilenos hemos construido, sino que, en primer lugar despejar y distinguir las críticas manifestadas, y en segundo término dar respuesta a ellas, al realizar tal ejercicio de igual manera se podrá dilucidar la explicación de nuestra tesis y apuesta presente.

Desde mi perspectiva existen tres grandes (y entiendo “grandes” por macros y que dicen relación con la política que se ha pretendido impulsar) críticas a la actual apuesta del PCCh, que pueden, de alguna u otra manera, englobar substancialmente todas las críticas que hemos percibido: La primera a mi juicio esgrimida tanto por sectores “izquierdistas” como por los grupos que también poseen una vocación institucional que no están de acuerdo simplemente con la política de alianzas del partido. Tal crítica dice relación precisamente con la participación del PC en una correlación de fuerzas que no es decididamente anti-capitalista, sino que posee incluso sectores neoliberales, al interior de ella. La segunda hecha desde la contienda “Moral”, o la “Ética Revolucionaria” realizada desde los sectores llamados “Ultras” o “Izquierdistas” al interior de dichos movimientos, o de “izquierda revolucionaria” como a sí mismos prefieren llamarse. Finalmente la tercera crítica desde una perspectiva “Probabilística”, es decir, desde el fundamento de la imposibilidad de que triunfen nuestros esfuerzos- como PC - al interior de la Nueva Mayoría por la correlación de fuerzas que se maneja allí dentro, atendiendo el tensionamiento sistemático que se realizará desde el otro extremo, liderado por los conservadores y retardatarios del conglomerado, más los poderes fácticos que operan al interior de la próxima coalición de gobierno; esta crítica es lanzada principalmente por el colectivo Izquierda Autónoma.


Primera Crítica: Lo que respecta particularmente a la correlación de fuerza de la que hoy somos parte: La Nueva Mayoría.


Estuvimos como PC, en la historia reciente, 20 años realizando la praxis política de construir un bloque anti-capitalista que fortaleciera procesos locales y nacionales, que nos posibilitara a lograr el aglutinamiento de diversos sectores para resistir y denunciar la avanzada neoliberal en nuestro país, y al mismo tiempo sortear la posibilidad de combatir y cambiar objetivamente los pilares y guardianes jurídico-políticos, económicos y psico-culturales que la dictadura cívico-militar nos legó a punta de sangre, terror e ilegitimidad jurídica. Lo cierto es que tal apuesta no rindió los frutos que como izquierda chilena esperábamos. No obstante aquello no podemos renegarla, desconocerla ni mucho menos desecharla, pues si bien en términos materiales no surtió los efectos pretendidos, subjetivamente generamos una disputa que aportó a la reconstrucción de una izquierda amplia, de la organización sindical y del tejido social pauperizado en Chile tanto por el pinochetismo, como por la Concertación de Partidos por la Democracia.

Por lo anterior la tesis de urdir un bloque anti-capitalista no es algo que se invente ahora para justificar el no compartir la tesis del PC. Durante el tiempo anterior, la gran mayoría de los que hoy trabajaron por la campaña de Marcel Claude, no estuvieron en tal proceso. Cuando más difícil fue construir poder popular, y al mismo tiempo generar correlaciones de fuerza anti-capitalista, muchos trabajaban cómodamente para la misma Concertación, o bien no se interesaban por la problemática social, y se preocupaban única y exclusivamente de sus quehaceres privados.

Ante la crítica a nuestra pertenencia a la Nueva Mayoría, debemos decir con igual fuerza que todo lo anteriormente dicho que tenemos pleno conocimiento de que nos encontramos en una alianza pluri-clasista cuyo objetivo programático evidentemente no es la consecución del socialismo en nuestra patria, sino que tal como lo hemos dicho se trata de una alianza donde convergen sectores que hoy poseen como primera confluencia el mejorar cuantitativa y cualitativamente los estándares democráticos, y construir una ciudadanía más empoderada, participativa y consciente de sus derechos. Lo que se expresa en el fin al sistema electoral Binominal; el voto de los chilenos en el extranjero; la consagración de un mecanismo plebiscitario para promover la participación directa de la ciudadanía en determinadas decisiones de relevancia; y la confección de una nueva constitución. La segunda confluencia es el aumento y la garantización de derechos sociales económicos y culturales. Por consiguiente establecer su carácter enunciativo (consagración positiva constitucional y legal), judicial (mecanismos jurídico de garantía o acciones procesales, tal como el recurso o acción de protección) y prestacional (disposición de recursos del Estado para la satisfacción de tales derechos). Finalmente, la reducción de la desigualdad y la discriminación en nuestro país, como el establecimiento de políticas públicas tendientes al fortalecimiento de un sistema de justicia social; una reforma tributaria que reduzca las desproporcionadas brechas de tributación entre ricos y pobres. El fin al principio de Subsidiariedad, que ata al Estado de participar más activamente en materias económicas, y en el financiamiento de derecho sociales. El matrimonio igualitario, para ir erradicando la mentalidad patriarcal que nos sujeta y deforma hace ya siglos. En suma la consagración de un Estado Social y Democrático de Derecho.[2] Con un Estado cualitativa y cuantitativamente superior, y un nuevo trato con los derechos sociales y ciudadanos. 

En definitiva, se trata de un programa que a nuestro juicio puede ir desmantelando los pilares y guardianes neoliberales que hoy nos atan, claramente no todos, sino algunos de los más perjudiciales para nuestra población. Lo anterior con el propósito que en un futuro cercano, esperamos, comencemos la lucha ya no contra las aberraciones exageradas del modelo, sino derechamente por una transición hacia el socialismo, y para no partir de menos quince, sino que de cero.

Vale la pena resaltar que, como Partido y Juventud Comunista, seguimos apostando por un bloque anti-capitalista, no hemos claudicado a dicha política, de hecho en el presente en diversos espacios sociales y locales lo realizamos con trabajo y construcción comunitaria y disputa subjetiva, pero creemos que la primera meta hoy es develar la principal característica que hoy expele el sistema: Ser profundamente antidemocrático y desigual. Para lo anterior, si existen sectores, que antes estuvieron dentro o fuera de la concertación, que hoy pretenden avanzar en esto que no es baladí, se avanzará en conjunto con la convicción plena de que cuando como partido tiremos el tejo corrido, vale decir, manifestemos nuestro irrefrenable deseo de  profundizar los cambios con la perspectiva de erguir una transición al socialismo, y ya no el sólo desmantelamiento de los pilares neoliberales que hoy nos atan,  otras serán las alianzas a construir y forjar con los que quieran continuar el camino de las transformaciones que desplacen al capital, y sus consecuencias opresoras.

Finalmente, lo que hoy más le llega al pueblo y la ciudadanía es lo antidemocrático del sistema, que se expresa en lo económico, social, político y cultural; por tanto no es sino deber de las organizaciones de masas, avanzar en aquello y poseer tal estrategia, lo que implica que la correlación de fuerzas que debemos hacer debe ser lo más amplia y mayoritaria posible para facilitar dicho proceso.


Segunda Crítica: Crítica desde la “moral” (moralista) o la “ética revolucionaria”.


Tal crítica se fundamenta primordialmente en la imposibilidad de que un partido de orientación revolucionaria participe del Estado de Derecho burgués, y conjuntamente realice pactos electorales y programáticos con los partidos de la ex Concertación, cuando fueron éstos los que, durante su administración de dos décadas, persiguieron al pueblo mapuche, aplicaron en seis oportunidades la Ley Antiterrorista, y durante su gestión se asesinaron a comuneros. Ó, por otro lado, profundizaron el modelo de precarización de los derechos sociales, con todo lo que ello implica (CAE, etc). Ó simplemente, cuando tuvieron mayorías parlamentarias no generaron cambios sustanciales para el país, sino que simplemente se acomodaron al modelo jurídico-político y económico de Guzmán y compañía.

Ante este primer cuestionamiento, me tomaré la licencia de responder tanto desde la perspectiva política, como desde la perspectiva filosófica, pues considero que es menester para la fundamentación.

En primer lugar corresponde señalar que como PC durante los cuatro gobiernos de la Concertación fuimos agudos y claros con las diferentes críticas que le realizábamos al gobierno, principalmente en materia de derechos laborales y sindicales, garantización de derechos sociales, materia energética, y el trato con los pueblos originarios; sosteniendo en la actualidad prácticamente las mismas demandas que en antaño, y hoy con la posibilidad real de influir en la materialización de éstas en políticas públicas.

Hoy, como juventud y partido, no desconocemos, ni retrotraemos, ni desestimamos nuestras críticas a la gestión de la Concertación en tal periodo, sino que muy por el contrario, las aseveramos y tenemos más presente que nunca, con el propósito de no hacer del próximo gobierno un quinto similar al de aquella coalición, sino que imprimirle un caris distinto, de corte ciudadano, participativo y representativo de las demandas del mundo social, a fin de radicalizar las instituciones y acercarlas al pueblo, para que éste mismo se empodere, y vierta en ellas el contenido emancipador de nuestro objetivo revolucionario. Así pues, en palabras de Fernando Atria, “La “utopía”, el punto de llegada, no es algo que nos cae del cielo como una revelación, es algo que se manifiesta desde abajo, ante el hecho evidente de que nuestras instituciones prometen mucho más de lo que son capaces de entregar. La conclusión es clara: no se trata de negar esas instituciones, se trata de realizarlas.”[3] Lo que decimos al sostener esto, no es de ninguna manera poseer un compromiso acomodaticio con las instituciones actuales, ¡bajo ningún concepto!, pues poseemos la convicción de que lo correcto ética y estratégicamente es hacer que aquellas instituciones cumplan y materialicen su objetivo esencial: la democracia.

De eso se trata pues bien la contradicción Neoliberalismos versus Democracia, que los comunistas hemos construido para el periodo: de desplazar de nuestra sociedad e instituciones la substancia neoliberal que nos legaron. Para lo anterior nuestra misión en lo político y social es difundirle por todos lados a nuestro pueblo que el neoliberalismo es profundamente antidemocrático, y que deforma las instituciones al abuso, la corrupción, la exclusión, la represión y la desigualdad, por tanto nuestro objetivo es ir aprehendiendo y empoderándonos del Estado para profundizar la democracia y ampliar la participación tanto en lo político, como en lo económico, social y cultural.

De pasada el mismo autor nos complementa, sentenciando: “La democracia es importante no sólo porque a través de ella será posible movernos hacia una sociedad más justa. Lo que hace más justa a esa sociedad hacia la cual la democracia nos permite movernos es algo que caracteriza ya, aunque deficitariamente, a la democracia.”[4], y también Moulian al señalar: “el Socialismo más que un modelo para armar, es un conjunto de luchas por construir una democracia total”[5]. En otras palabras, lo más importante de transmitir la necesidad de ampliar la democracia en contra del legado autocrático y explotador neoliberal, es el fundamento intrínsecamente democratizador del socialismo y el comunismo. A lo anterior le adherimos la precaución que la participación en el Estado de Derecho liberal burgués, aunque mediante él y en su seno logremos lo mayores estándares de igualdad e inclusión social – que en sí mismo es imposible- no es el horizonte de los marxistas, pues desde el punto de vista de Marx, bajo el Estado de Derecho burgués la clase dominante llama paz a algo que no es sino la institucionalización de su violencia, de tal forma, es deber nuestro debelar, desde la movilización social y popular, y desde el interior de las propias instituciones del Estado de Derecho,  las contradicciones que se esconden en tal orden político y en el modelo económico, y con ello los intereses mezquinos de la clase dominante. Todo lo antes dicho, el profesor Carlos Pérez, sintetizando el ideal hegeliano de emancipación que el Estado de Derecho debe difundir, y la lucha marxista hacia la sociedad sin clases –vale  decir sin explotación, opresión y dominio – lo resume de manera sumamente esclarecedora y lúcida de la siguiente manera:  “La extrema gravedad de la degradación actual (de la actual institucionalidad), por un lado, y la profundidad del horizonte comunista, hoy plenamente realizable, por otro, le dan a la voluntad revolucionaria hoy en día dos niveles, dos aspectos, que no deben ser concebidos como etapas sino como dos lados de una misma y única tarea. Por un lado la necesidad de realizar, de hacer efectivo el horizonte emancipador bajo el cual fue proclamado y construido el Estado de Derecho moderno; por otro la necesidad de construir condiciones materiales bajo las cuales la institucionalización del orden social bajo la forma de un Estado de Derecho deje de ser necesaria”[6].

Abordaremos ahora la concepción de ética subyacente en esta crítica (de la crítica que hemos presentado en este subtítulo). Esta concepción, sostenemos, proviene del neokantianismo y el austro-marxismo, donde se irgue – combatiendo  al leninismo – una  ética revolucionaria deontológica cuyo fundamento de la acción es entonces el deber, pero no el deber en términos de la necesidad o no de la acción, es decir no justificando un determinado accionar político desde la improrrogabilidad de sus efectos, sino desde la perspectiva del deber como imperativo categórico de lo que se preconcibe como correcto. Así pues Kant, expreso y directo, nos dice que deben existir una serie de principios a priori, vale decir, antes que las acciones morales puedan concretarse, que ya estén establecidos y que jamás los separemos de la práctica, porque estos provienen de nuestra voluntad autónomos, de nuestra razón práctica y de nuestros sentidos (ámbito cognoscible) y de la libertad, Dios y –para- la inmortalidad del alma (ámbito incognoscible), que pertenecen al “orden del cielo estrellado”[7]. Es claramente obvio que no interesa para efectos de la elaboración política desde la izquierda la presencia de la libertad, de Dios, ni de la inmortalidad del alma, pero lo que es rescatable en términos de la exposición del marxismo-kantiano no es sino la metodología cognoscitiva y política desde la cual estos grupos – o sujetos – de izquierda realizan su política y sus críticas. Finalmente Kant nos da el punto completo en esta frase: Por tanto, no puede existir ningún conflicto entre la política, como doctrina práctica del derecho, y la moral, en cuanto también ella es doctrina del derecho, pero teórica”[8].

Lo que proponemos es sostener una concepción de ética revolucionaria teleológica, cuyo fundamento entonces sea la materialización de los objetivos y fines colectivamente trazados.

Durante prácticamente todo el siglo XX los marxistas hablaban de la moral únicamente desde una noción descriptiva de ella, que se recogía de los fundamentos de Marx, y que por tanto se trataba desde una actitud negativa por su carácter ideológico, al igual que la religión y el derecho, en otras palabras, por su posicionamiento en la superestructura dominante cuyo objetivo único y subterráneo era la reproducción de las relaciones de producción a partir de figuras psico-simbólicas que aletargaban al trabajador y lo alejaban de su misión revolucionaria, pues no era sino – la moral- una ficción valórica meritocrática que conducía a que el trabajador se siéntese mejor persona cumpliendo tales patrones morales que dictaba Dios o la virtud. Esta abyección según Marx estaba situada en el plano de la consciencia, pero representando una falsa imagen de la realidad, mientras que en Althusser sostiene que la ideología (y por ende la moral) imparte una cierta “representación” de la realidad, la que hace una “alusión a lo real en una cierta manera, pero que al mismo tiempo sólo confiere una ilusión de la realidad”[9], y que esta relación de reconocimiento-desreconocimiento es una estructura “no tiene nada que ver con la consciencia.”[10]

Lo que hoy proponemos, de ninguna manera es no comprender ni desechar esta posición, pues esta teoría descriptiva de la moral es claramente cierta a la luz del marxismo y  la teoría crítica, sin embargo sostenemos que además debemos poseer una teoría prescriptiva del fenómeno moral, donde proponemos la anteriormente señalada. Sostenemos que, al igual que Henri Lefebvre, la ética marxista debe estar librada de la alienación moral e ideológica, en general; debe negarse a establecer valores fuera de lo real, y por tanto debe buscar en lo real el fundamento de las valoraciones morales. Por lo tanto los valores de la clase, y de los individuos de horizonte emancipador, deben ser: el coraje, el sentido de las responsabilidades, el entusiasmo y la alegría, la racionalidad de nuestros actos, etc. Por tanto en lo político los principales valores deben ser la lucidez en la acción y la comprensión de las situaciones. Lo anterior pues Marx señalaba que no es sino el idealismo tradicional y las ideologías metafísicas de la alienación humana las que colocan lo ideal fuera de lo real: en lo abstracto y en el vacío; y con lo anterior se pretende en el juego político adjudicarnos una supuesta disonancia entre acción política y discurso, lo que como lo manifiesta Atria “En rigor, esta contradicción es aparente, desde luego, porque lo que uno hace es lo que, dado lo que uno cree, debe hacerse en las circunstancias en las que debe actuar” [11].
Esta proposición de una ética revolucionaria teleológica es también un esfuerzo de rescatar a Lenin, las normas de organización leninistas y el materialismo histórico como método de análisis, anteponiendo como objeto principal de toda acción política la realización de las transformaciones estructurales que demandan los trabajadores y los movimientos sociales, utilizando las situaciones reales en la que nos circunscribimos, pues nuestro deber primordial es darle dignidad y calidad de vida al pueblo y la clase trabajadora; éstos son los que sufren las aberraciones del modelo económico, y no pueden esperar más, pero también son éstos, en consecuencia, los únicos que las pueden cambiar. Finalizamos el desarrollo de esta segunda respuesta con una cita del propio F. Engels, quien se refiere a los que profesan el marxismo desde la ética deontológica como los que creen que “basta su buen deseo de saltar las etapas intermedias y los compromisos para que la cosa quede ya arreglada, y que si ‘se arma’ uno de estos días y el poder cae en sus manos el comunismo estará implantado al día siguiente” [12]      



Tercera Crítica: Crítica “probabilísitica”. Considera como improbable el triunfo de nuestro “tensionamiento” al interior de la Nueva Mayoría.



El caris de esta crítica se fundamenta en la operación política que realizarán los poderes de facto al interior de la Nueva Mayoría, y los políticos conservadores y retardatarios principalmente de la DC y del lote “Nueva Izquierda” del PS, liderados por Camilo Escalona.

Esta crítica nos permite exponer dos cuestiones muy relevantes. La primera de ellas es que como lo hemos sostenido, a través del Presidente de nuestro partido, Guillermo Teillier, y la Secretaria General de las JJ.CC, Karol Cariola, ambos diputados, lo primeros que propugnaremos al interior de la coalición es la unidad de todos los actores políticos al interior de la NM en torno al programa que lidera Michelle Bachelet, en consecuencia seremos perspicaces y preocupados en que todos los sectores voten favorablemente en el parlamento de las medidas que se han planteado para el país.

Lo segundo relevante es que como comunistas hemos quebrado el paradigma liberal  de la concepción de alianza como un núcleo homogéneo, concentrado e impermeable. Pues ésta coalición se trata de un esfuerzo de unidad entre diversos sectores ideológicos y políticos para lograr metas, algunas acotadas y otras estructurales, bien definidas y perentorias para el país. Por su puesto no somos los únicos ni los primeros en realizar esta suerte de plataformas amplias, pues un ejemplo positivo de ésta táctica en nuestro continente es Uruguay. Recordemos que el “Frente Amplio” del actual Presidente Uruguayo José “Pepe” Mujica está integrado por los Montoneros, histórico frente popular uruguayo que propugna la lucha armada, hasta Democratacristianos y liberales, y recordemos además que antes del actual presidente constitucional la misma alianza tuvo como presidente en el periodo anterior a Tabaré Vázquez  de ideas muchísimo más moderadas que el actual. No se trata con esto de señalar que la democracia chilena es similar a la uruguaya, ni mucho menos que Michelle Bachelet tiene algún símil con Mujica, sino de esclarecer la posibilidad de generar un espacio político y social heterogéneo  y disputante en su interior. Así pues, no debemos olvidar los avances que con condiciones similares tuvo Vázquez y Mujica, gracias al tensionamiento popular e institucional que llevaron a cabo los comunistas, socialistas y progresistas uruguayos, pero tampoco debemos olvidar que efectivamente hubo ocasiones donde el Presidente no tuvo los votos de todo su sector en el congreso para realizar e implementar las medidas transformadoras que le proponía a dicha institución. Por lo antes dicho es que el primer esfuerzo es lograr la unidad de todos los sectores en las reformas básicas que se ha planteado la Nueva Mayoría, y nuestro segundo esfuerzo como comunistas será el tensionamiento al interior y al exterior de la coalición para profundizar el detalle del programa acercándolo a lo que los movimientos sociales han planteado en sus múltiples manifestaciones y demandas. Pero lo anterior no lo realizaremos solos, sino en conjunto a los demás sectores de izquierda, como la Izquierda Ciudadana, los compañeros de izquierda del PS y PR, el MAS, los que al interior del PPD poseen una sintonía con el mundo social, y los externos que hoy no son parte de esta coalición política pero sí esperan el cumplimiento de la promesa de éste programa, y su profundización o detalle, como Revolución Democrática y Gabriel Boric de la Izquierda Autónoma, en algunas materias.

Corresponde ahora señalar la tercera y final reflexión en torno a este apartado. Ésta se relaciona con el profundo carácter humanista de nuestra organización. Digo esto pues como PC poseemos la profunda convicción de que el ser humano como sujeto colectivo, por su construcción histórica, posee una inmanente capacidad de transformación, más aun, los trabajadores por situación económica y social, a saber, el lugar que ocupan en las relaciones de producción, por lo que no planteamos jamás los desafíos políticos como tareas únicas y exclusivas de un grupo iluminado despótico, sino que muy por el contrario, nuestra tesis se funda y se sostiene indudablemente en la agitación, masividad y organicidad de la movilización social multi-temática, vale decir, tanto en la perspectiva educacional, medioambiental, de los derechos laborales y sindicales, por la asamblea constituyente, la diversidad sexual, la despenalización del aborto, etc. Movimientos todos en los que posee participación el partido y la juventud comunista, por lo que reafirmamos nuestro compromiso no de ser voceros institucionales de tales demandas, y de, en conjunto a la movilización social, popular y ciudadana, tensionar el futuro bloque gobernante hacia las demandas del pueblo, subvirtiendo las operaciones que, también estamos seguros, realizarán los que o bien no quieren cambiar un ápice de nuestra realidad, o pretender engañar al pueblo disfrazando de cambios el país, para que no se toquen los pilares fundamentales del modelo. Es hoy la movilización social la principal prioridad de los que creemos en la necesidad de transformar Chile, y tal movilización para que nuestros objetivos triunfen necesita de unidad, masividad, y asertividad política, no de sectarismos, gremialismos, vanguardismos e infantilismos.

Finalmente toca decir una cuestión, que efectivamente nuestra tesis, como toda, es una apuesta. Apuesta que por lo demás ha sido bien fundamentada con los propósitos que posee y tácticas que requiere para triunfar. Lo que resulta paradójico e inexplicable es que otros sectores critiquen nuestra tesis, aun con menos argumentos para sostener las suyas, y el simple fundamento vago de negación a la nuestra, y/o arguyendo meras consignas que no poseen correlato en la realidad, y muchas veces tampoco en su trabajo cotidiano. Pues corresponde señalar, entonces, que si sostienen que nuestra tesis  es improbable de cumplir los objetivos trazados, las suyas menos posibilidades tienen de llevarnos a la esperanza de cambiar la realidad actual, y menos aun de construir el socialismo en nuestro país.

Así pues, es que terminamos con esta explicación y exposición de argumentos, esperando se haya cumplido de alguna u otra manera el objetivo. Pero por sobre todo, parafraseando a Carlos Pérez Soto, “permitir superar las desastrosas y autodestructivas discusiones que se siguen teniendo entre revolución y reforma.” [13]Por ser “destructivo, paralizante e inútil, entender la relación entre ambas como disyuntiva: O revolución o Reforma.”[14]. Y sentencia: “Lo esencial de esta discusión (casi siempre estéril) no es, ni debe ser, el modo o la rapidez con que se efectúa el cambio, sino su contenido, y el horizonte hacia el que apunta.[15]

¡La lucha se da en todos los frentes! ¡Venceremos!.





[1]  Es estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Ayudante de las cátedras: Filosofía (de la) Moral, donde dirigió el seminario “Teoría del Poder y la Ideología: Hobbes, Marx, Foucault” (2012); Derecho Constitucional; Elementos para una Idea Social del Derecho; e Introducción al Pensamiento de Georg W. F. Hegel.
[2] Programa Presidencial Nueva Mayoría, candidata Michelle Bachelet. 2013. P. 33
[3]ATRIA, Fernando. La Idea de Teología Política. Revista Derecho y Humanidades. Santiago, Chile: Universidad de Chile, 2012. P. 113

[4] Ibíd.
[5] MOULIAN, Tomás. Socialismo del Siglo XXi. La Quinta Vía. Santiago, Chile: LOM, 2001. P. 171.
[6] PÉREZ, Carlos. Violencia del Derecho y derecho a la violencia. Revista Derecho y Humanidades. Santiago, Chile: Universidad de Chile, 2012. P. 84
[7] PÉREZ, Carlos. Sobre Hegel. Santiago: Palinodia, 2005. P. 45

[8] KANT, Immanuel. La paz perpetua (traducción José Loya Mateos). Madrid: Mestas. 2001. P. 63.

[9] ALTHUSSER, Louis. Philosophy and the spontaneous philosophy of the Scientist, and Other Essays. London, Nueva York: Verso, 1990. P. 29.
[10] ALTHUSSER, Louis.  Para Marx. México: Fondo de Cultura Económica, 2000. P. 231.
[11] ATRIA, Fernando. Veinte años después Neoliberalismo con Rostro Humano. Santiago: Catalonia, 2013. P. 61.
[12] ENGELS, Friedrich. El Programa de los emigrados blanquistas de la Comuna. Moscú: Editorial Progreso, 1974. P. 63.
[13] PÉREZ, Carlos. Violencia del Derecho y derecho a la violencia. Revista Derecho y Humanidades. Santiago, Chile: Universidad de Chile, 2012. P. 89.

[14] Ibíd.
[15] Ibíd.

domingo, 15 de septiembre de 2013

No hay partida sin regreso


Nudos de historia;
El corazón se abalanza,
Persigue nuestro aliento  
Y carcome nuestras brazas.


Conoces bien lo que la bravata cuesta en estos días,
Has sabido como compartir el aire.
No vengo a darte invenciones
Ni a criticar las heridas,
Las heridas que en mí,
Y en mis emociones sembraste.


Críate alas para visitar otros predios,
Teje candados para aferrarte a mi infierno.
Siente las voces que en tu cabeza palpitan.
Haz de tu cuerpo el cajón de mi entierro,
¿Ves?, será nuestro lo eterno:
No hay partida sin regreso.


No revelaré cuan perdido estuve,
Ya lo sabes de sobra,
Ya sufriste destierro.
Sólo te enrostraré tu futuro,
Ese que juntos soñamos,
Abrazados y perplejos,
Pululando por avenidas
De este Santiago ya muerto.


Frente a frente los sentimientos
Como gallos se enfrentan,
Manosean sus alas,
Picotean sus cuencas.
No soy yo digno de resolverlos,
Como bien me lo dices,
Serán solo los hechos.


No respires ni toques
El olor del adiós.
Tengo pocas palabras
Cuando muevo estos dedos,
Quizá solo un soneto
Hoy me agita feroz:
“Antes de mi, tú no eras tú,
Y antes de ti, yo no era yo”.


Críate alas para visitar otros predios,
Teje candados para aferrarte a mi infierno.
Siente las voces que en tu cabeza palpitan.
Haz de tu cuerpo el cajón de mi entierro,
¿Ves?, será nuestro lo eterno:
No hay partida sin regreso.